Joseph Zárate: “Ningún maderero ilegal ha sido condenado en el Perú”

Un encuentro revelador con el autor de Guerras del interior, obra en la que retrata las luchas desiguales que se dan lejos de la vida citadina del país.

Joseph Zárate: “ningún maderero ilegal ha sido condenado en el Perú”

Zárate visitó la sede UPN Comas para sostener una charla con nuestros estudiantes.

Yo no escogí el periodismo, el periodismo me escogió a mí. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de él? Si pudiese definirlo, le diría a la Real Academia Española que después de 2451 modificaciones, no se equivocó en redefinir el término: Actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico. Es en esta parte de la oración que destaco lo siguiente: que consiste en la obtención de información.

Conseguir aquello no es tarea fácil. El acceso a rigurosas fuentes es complicado. No basta con ir y preguntarle a San Google o revisar algún libro que miraste pero nunca leíste.  Tampoco realizar una simple llamada telefónica. Si logras atravesar esa dura etapa, escribes. Un texto periodístico no solo finaliza con su publicación. Luego de ello, siguen las críticas. Los cuervos que, a picotazos, prueban de tu pluma. A veces tienes suerte y otras, simplemente, en la puerta del horno se nos quema. Como diría Pietro Sibille en su papel protagónico en Días de Santiago, todo tiene su orden.

El periodista Joseph Zárate no se equivocó en su primera y magistral obra. Escribir Guerras del Interior (Debate, 2008) le costó casi cuatro años, casi una carrera profesional promedio. Años en los que investigó, entrevistó y se rodeó de sentimientos y emociones que lo impulsaron a terminar este libro de crónicas publicado en noviembre de 2018.

Guerras del interior reúne en sus tres capítulos, denominados “Madera”, “Oro” y “Petróleo”, el perfil de sus personajes principales: Edwin Chota, Máxima Acuña y el niño Osman Cuñachí, quienes comparten los abusos y hechos violentos que sufrieron en confrontaciones con el poder. Entre David y Goliat.

The New York Times lo integra en su lista de los mejores libros de no ficción del mismo año.

«Entendí que al escribir sobre los conflictos por la tierra, sobre quienes habitan y defienden las montañas y las selvas, no estaba dándoles voz a esas personas. Me la estaba dando a mí. Había estado escribiendo, sin proponérmelo, sobre el lugar de donde venía mi familia».

Joseph Zárate, ganador del Premio Ortega y Gasset y el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo 2018, retrata el choque ambiental y cultural que produce la tala, la minería y la extracción del petróleo en nuestra región. Contextualizar estos casos y las situaciones por las que transitaron, lo llevó a convivir con sus personajes en las zonas rurales del país. Aquellos lugares alejados que no solo ignoramos, sino también invisibilizamos junto con sus habitantes. Una especie de barbarización de nuestros hermanos de la sierra y selva. Como en la antigua Grecia, denominar bárbaros para referirse de manera peyorativa a cualquier persona extranjera que no hablara griego o latín. Lo mismo sucede con los indígenas al no hablar el castellano.

Según César Moreno-Triana,  especialista de la Unesco para América Latina sobre cuestiones de patrimonio cultural, en el Perú se han documentado aproximadamente 47 lenguas indígenas u originarias, de las cuales cuatro se hablan en los Andes. Las otras 43 se hablan (sobre todo) en la Amazonía.

Un informe realizado por la Evaluación de Impacto Ambiental confirma que el 70% de la jungla peruana está repartida entre compañías extractivas, sin importar si hay familias en ese territorio. Para el Estado centralizado, quienes no viven en la capital no existen. O bueno, eso es lo que reflejan en sus mapas diseñados por drones a cargo del Servicio Aerofotográfico Nacional y el Instituto Geográfico Nacional que, al parecer, no captan la existencia de comunidades fuera de la ciudad.

En UPN

Yo no sabía que, en el Perú, ninguna maderera ha sido condenada por talar o traficar árboles, ningún maderero ilegal ha sido llevado a la cárcel. Joseph tampoco. En una breve entrevista en UPN, luego de su charla realizada a inicio de abril, me comentó que ese dato le llamó mucho la atención. De cómo grandes empresas extractivas han comenzado a apoderarse de las tierras de comunidades a lo largo de la historia. Como cuando fuimos conquistados por los españoles, llevándose todo a su paso. Como cuando históricamente los nativos fueron explotados y las nativas víctimas de violaciones. Como cuando Sendero Luminoso sembró el terror a mediados de los 80.

En nuestro país, “tierra de los incas”, existen ocho millones de hectáreas de bosques concesionados para la extracción. El estado peruano no solo pierde cada año doscientos millones de dólares por impuestos que evaden las madereras ilegales, sino que, a su vez, implica violar los derechos de muchos pobladores, quienes son explotados, amenazados y asesinados por no aceptar sobornos de este sucio negocio.

Precisamente, en “Madera” Joseph narra la historia de Edwin Chota, líder asháninka asesinado junto a tres dirigentes en 2014, tras denunciar durante doce años la deforestación de Saweto, población ubicada en la región Ucayali, en el alto Tamaya. Lamentablemente, su muerte, y la de los demás, han quedado impunes hasta el día de hoy. Todas las denuncias que realizó durante más una década quedaron archivadas. Todas. A diferencia de Joseph, a Edwin le costó su propia vida defender sus árboles. Para la justicia nunca hubo un culpable.

 

Cada semana son asesinados cuatro ambientalistas en el mundo. Muertes que suman al 60% de las registradas en América Latina, siendo la población indígena la más vulnerable, representando un 40% de las víctimas según un informe realizado por Global Witness en 2017.

En “Oro”, Zárate se centra en este metal precioso cuyo significado se reduce a la vanidad, lo que le ha ocasionado a Máxima Acuña disturbios, acoso y violencia por no dejar que Yanacocha, la empresa minera más poderosa del continente, la despoje de sus tierras en Cajamarca. De ahí el polémico caso Conga, proyecto de megaminería a cielo abierto, donde acérrimos campesinos se opusieron a que se dinamiten cerros, se sequen lagunas y contaminen sus tierras.

En “Petróleo”, quizá la pieza más conmovedora, tiene como personaje a Osman Cuñachí, niño víctima del derrame del Oleoducto Norperuano en Loreto, quien protagonizó portadas en las que se ve manchado de petróleo, producto de la promesa de una prosperidad tóxica de la maldición del oro negro.

Historias como las de Edwin Chota, Máxima Acuña y Osman Cuñachí, “sirven para reflexionar sobre cómo está construido el Perú como república y como sociedad”, menciona Zárate durante una charla en UPN sede Comas.

‘‘Decidí elegir esas tres historias porque yo sentía que a través de ellas el público podría reflexionar sobre ciertos asuntos humanos que son universales y que nos tocan a todos independientemente de si vivimos en la ciudad o no”.

Guerras del interior cristaliza asuntos humanos puesto que contextualiza aquellos casos expuestos mediante datos, fuentes y consecuencias tanto económicas, políticas y sociales que producen estas contiendas. La discordia entre quienes eligen conservar sus tierras y quienes dado su poder lotizan la tierra como mercancía diaria, creyendo que aquello es sinónimo de obstáculo para el progreso y lo que llamamos “modernidad”. La modernidad que termina por desarraigar nuestra cultura y tradiciones.

*Este post es una colaboración de Est Prado, integrante del Club de Periodismo de UPN – Comas y estudiante de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

Conoce más sobre periodismo y otros temas de comunicación ingresando a nuestra plataforma de blogs.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas (2 valoraciones, promedio: 1,50 de 3)
Cargando…

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Mariánn dice:

    Muy interesante aportación

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *