Prensa amarilla y posverdad: las dos caras de una misma moneda

prensa amarilla y posverdad: los viejos nexos de estas prácticas

William Randolph Hearst, uno de los iniciadores del sensacionalismo en los Estados Unidos.

Cuando William Randolph Hearst, el magnate norteamericano que controló los medios de comunicación en los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX, lanzó a su país a una guerra expansionista contra España por el control de Cuba, lo hizo a través de los titulares de su periódico New York JournalHearst no solo fue uno de los padres de la prensa amarilla, sino también a través de ella sentó las bases sobre la que se construye la posverdad.

La Historia del Periodismo dio un tremendo giro a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. En los Estados Unidos la prensa deja de priorizar los temas culturales y opta por la política. Hacía mucho que los periódicos eran leídos por unos pocos y la prensa debía aumentar considerablemente el número de ediciones y buscar enganchar con un público más grande y variado. Es así que empezaría una dura competencia entre dos importantes dueños de periódicos: William Randolph Hearst por un lado, y por el otro Joseph Pulitzer. Esta guerra por conseguir cada vez más lectores llevó a estos dos promotores a dejar de lado (algunas veces) la veracidad de los hechos, exagerándolos para causar impacto. Este tipo de prensa se conoce como sensacionalista.

Pero como si fuera poco, la guerra por el control de la opinión pública iría mucho más allá. El grado más alto del sensacionalismo es el amarillismo, es decir, la mentira (1). Un periódico amarillo comunica un hecho falso para que se dé por verdadero. El amarillismo en la prensa norteamericana llegaría a su punto más álgido cuando Estados Unidos le declara la guerra a España.

El expansionismo norteamericano no conocía límites y había un interés muy grande por la isla de Cuba, uno de los últimos bastiones del imperio colonial español. Había por tanto que convencer al pueblo estadounidense de marchar a la guerra. Y esto lo logró Hearst con sendos titulares luego de un incidente: El 15 de febrero de 1898, un barco militar estadounidense anclado en Cuba explotó hundiéndose y matando a 266 marinos norteamericanos. El New York Journal, sin investigación previa, se apresuraría a titular en primera plana: “La destrucción del Maine fue obra del enemigo.” Tres días después: “Todo el país se estremece con la guerra.” (2)

prensa amarilla y posverdad: las dos caras de una misma moneda

A través del New York Journal, Hearst propaló la noticia no confirmada de un ataque a la armada estadounidense.

La posverdad es la mentira emotiva, que surge cuando un hecho es comunicado por un medio de comunicación y genera una reacción exagerada o equivocada del público, y que puede motivar acciones de apoyo o de rechazo pero sin basarse en los hechos. “Los hechos pasan a un segundo plano, mientras el cómo se cuenta la historia retoma importancia y le gana al qué.” (Llorente, 2017) (3). Esta preocupación por el “cómo” ha ganado espacio notablemente con el auge de las redes sociales y plataformas de comunicación, a través de las cuales cualquier usuario puede jugar a ser periodista.

Las causas que generan posverdad en el público pueden ser varias, pero de estas las más importantes son: ausencia de pensamiento crítico, percepción del entorno, desconfianza de los sistemas de gobierno y autoridades. En el primer caso, la falta de pensamiento crítico hace creer fácilmente todo lo que se lee, ve u oye. En el segundo, la percepción de inseguridad y de malestar frente al entorno que nos rodea puede llevarnos a distorsionar o magnificar los hechos. Y en el tercero, debido a los altos índices de corrupción de funcionarios, se suele creer cualquier información negativa como veraz, ya que se percibe que a falta de autoridad triunfará siempre la impunidad.

Pero las raíces del problema van más allá. No se trata de prohibir que las personas comuniquen lo que quieran a través de sus redes (lo que atentaría contra derechos fundamentales), ni tampoco prohibirles a los medios de comunicación que traten de conseguir la mayor audiencia posible. Se trata de educar a esa audiencia para que no dé por hecho cualquier cosa que lea en prensa escrita, radio, televisión o redes sociales. Si quieren jugar a ser periodistas, que sepan que uno de los principios de este trabajo es la confirmación de las fuentes. Y una fuente es confiable solo cuando lo que ella dice puede ser verificado. (4)

*Este post es una colaboración de Néstor Rivera Gutiérrez, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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(1) El color amarillo está referido a la primera tira cómica publicada en esos tiempos por el New York Journal: “The Yellow Kid”, que presentaba a un niño vestido con una túnica amarilla. Desde allí se conoce como “amarilla” a la prensa que miente o tergiversa un hecho para ganar audiencia.

(2) Casi un siglo después, en 1976 los análisis hechos a los restos del barco comprobaron que la falla que provocó la explosión fue interna, con lo que se descartó la teoría de un ataque español.

(3) LLORENTE, JOSÉ ANTONIO (2017). La era de la Posverdad: Realidad vs. Percepción. Madrid, Revista Uno No. 27.

(4) LUPPI, GASTÓN Y OTROS (2012). Elección de fuentes informativas. Universidad Nacional de La Plata. Texto de Cátedra de Taller de Análisis de la Información.

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