Augusto Tamayo, narrador de historias del cine peruano

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Conversar con Augusto Tamayo es dar un simpático recorrido por la historia del cine nacional. Cineasta, literato, arquitecto y maestro de nuestra Facultad de Comunicaciones UPN, Augusto es considerado el padre del cine peruano. Nos recibe con una franca sonrisa que refleja la mezcla de humildad y de grandeza de este experimentado director de películas como El bien esquivo, Una sombra al frente y La vigilia.

Augusto, casi cuatro décadas haciendo cine.

Empecé hace 42 años. Comencé haciendo un corto. Contemplé al cine como un medio importante y poderoso. Siempre he estado vinculado al cine. Había etapas en que si no hacía películas me enfrascaba en proyectos de televisión, videoclips, publicidad. A mí un día de rodaje me estimula, me obliga a pensar y a hacer cosas que me resultan muy agradables. Puede ser un día muy intenso y productivo, pero para mí es un día que me hace muy feliz.

El cine histórico siempre te ha apasionado, tanto así como para no importarte el tiempo de rodaje.

Filmar películas de época es muy difícil porque hay que recrear un mundo que ya no existe. Ello implica una dirección de arte, una producción. Cada vez que hay una escena complicada, me gusta tomarme todo el tiempo que sea necesario para que la escenografía esté perfecta, que todo esté perfecto y que los actores estén lo más compenetrados posible. Funciona. Me criticaron porque decían que tendría problemas de continuidad, pero no tuve ningún error en mis películas. Es un sistema que volvería a usar. Implica un compromiso de técnicos, actores, para rodar por siete meses y por pedazos.

La arquitectura te ha facilitado la recreación de ambientes y lugares.

Adoro la arquitectura, es tan rica visualmente… me fascina. La he ejercido en el cine. Creo que es un aprendizaje en el espacio, en el uso de los mismos y en la naturaleza de los estilos de los edificios. ¿Qué es una imagen sino plasmar eso? En una película se puede plasmar el estilo de los edificios, su atmósfera y la luz. La luz determina el plano y determina la imagen.

El dualismo entre el cine comercial y el cine artístico sigue vigente.

Hago cine porque me nace y porque me gusta. He hecho ambos tipos de cine. En 1987 hice La fuga del chacal, que fue la más taquillera del cine peruano, la más comercial durante 25 años hasta que Asu Mare me destronó en el 2013. No tengo nada contra lo comercial y no me siento superior porque haga arte. Sí tengo un interés marcadísimo en la historia porque creo que es indispensable que haya imagen histórica del país. Me parece clave que el cine nos conecte con nuestro pasado de una forma emotiva e intelectual. El cine siendo masivo brinda la oportunidad de que una nacionalidad, una cultura, vuelva a verse.

Desde antaño un cine diferente no siempre resulta valorado.

Durante el romanticismo y especialmente con la vanguardia, se inicia una actitud de sofisticación y de híper elaboración en el arte. Hay una acumulación de conocimientos y entonces hay comprensiones que ya no son masivas ni entendidas por la gente por su nivel educativo. Por ejemplo, leer a César Vallejo es imposible, para leerlo he tenido que llevar un par de años de literatura. ¿Vallejo es del pueblo? Sí, por supuesto. Pero ha elaborado, ha construido tanto, ha utilizado distintas capas de cultura, de arte, de pensamiento. Hacer arte no te hace superior, pero sí un poco elitista porque demanda de un espectador más formado. Eso hace que películas de la talla de La teta asustada no sean suficientemente valoradas aquí, pero sí ganen festivales internacionales.

La tendencia a abordar temas sobre terrorismo suele ser recurrente en nuestro cine.

En el pasado recibí la llamada de Stefan Kaspar, productor de Gregorio y Juliana y ex director del grupo Chaski para dirigir Anda, corre, vuela, escrita por el poeta José Watanabe y con la cual se completó la trilogía peruana. La película no está enfocada directamente en la temática del terrorismo pero sí los personajes se ven envueltos en un atentado. Creo que es importante hablar sobre este tema que afectaba todo: la vida, el futuro, la economía. El terrorismo es un fenómeno que nos marcó y eso genera diversas miradas en el cine, así como genera ideologías apasionadas, lo que indica que sigue teniendo una vigencia emocional, ideológica y sigue habiendo posturas muy fuertes, vivas, enquistadas. Entonces hay muchas razones para hacer una película de este tema. Puede ser como un rezago para aquel que no lo vivió; para otro puede ser como una moda mirada desde un sentido terrible.

*Esta entrevista fue realizada por Mario Quispe Serrano, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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