Creatividad literaria: inhalar y exhalar

¿Es la poesía un raptus “divino” o un proceso interior en el que se combina, con dosis salomónicas, la inspiración y la dedicación?

La creatividad es un estado de la conciencia, dice Osho, muy paradójico en tanto, en la superficie, sucede una gran acción (crear) y, en lo profundo, un aislamiento total. Lao Tse llama a este estado de la conciencia wei-wu-wei, una acción a través de la inacción.

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Según estos maestros, el estado de la creatividad sería estar en armonía con la naturaleza o sintonizado con la vida y el universo. Lao Tse utiliza una metáfora muy hermosa e ilustrativa: es como inhalar y exhalar. Cuando sucede lo primero, el todo entra en el ser individual; y cuando sucede lo segundo, el individuo se diluye en el todo.

En relación a la creatividad poética, es un consenso que se trata de un estado de equilibrio. ¿Inspiración o dedicación? Ambas cosas a la vez: la inspiración es el estado de ensoñación, el misterio, el impulso interior; y la dedicación, la elección consciente de los instrumentos, técnicas y materiales con que se crea la poesía.

En la creatividad literaria, sobre todo en el proceso de escritura de la poesía, la paradoja de la que habla Osho es muy ilustrativa. La poesía, dice Stephen Spender, es una especie de perturbación del equilibrio del cuerpo y la mente: “(…) es que el esfuerzo concentrado que supone escribir poesía es una actividad espiritual que hace que se olvide completamente, por el momento, que se tiene un cuerpo”.

Es una equivocación pensar que la poesía es un acto de iluminación que produce de forma instantánea una obra artística. Quien escriba poesía sabe que el ramalazo de creatividad requiere esfuerzo, técnica, cultura y dominio del lenguaje. Hay que alimentar el mundo interior rápido y bien. ¡Cuánto tuvo que leer y ensayar Rimbaud para producir lo poesía genial que creó!

La otra aparente incongruencia de la poesía está en el mismo lenguaje. Lo resumió muy bien Álvaro Mutis en una entrevista: “Cuando escritores, colegas míos, cuya obra admiro, me dicen que sienten un placer infinito al escribir, no es que no les crea… es que me cuesta un trabajo horrible imaginar eso. Para mí escribir es una lucha con el idioma. El pintor tiene un lienzo en blanco, y lo va llenando de colores. Pero el lienzo está en blanco, entregado a él totalmente, a lo que él haga. El músico tiene una gama de sonidos, una manera de aprovechar esos sonidos. En cambio, los escritores nos las tenemos que ver con las palabras, con las que hablamos con el peluquero, peleamos con el taxista, discutimos con el amigo, hacemos una vida diaria que gasta y desgasta las palabras. Y esas mismas palabras son las que tenemos que sentarnos a usar para darles brillo, para darles eficacia”.

Lao Tse es también el autor de otra metáfora certera: el creador debe ser como un bambú por cuyo orificio debe fluir libremente la fuerza creativa que está más allá de nuestra voluntad. Pero eso no basta: el bambú, el creador, debe prepararse para ser un perfecto bambú, el mejor, el más capaz para recibir el ímpetu estético que lo sobrepasa.

*Este post es una colaboración de Luis Eduardo García López, director de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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