Publicidad: la pasión es el mensaje

En todos mis años de trabajo y otros tantos dedicados a la enseñanza he llegado al convencimiento de que la publicidad debe ser una de las profesiones más acogedoras y hospitalarias del mundo. Haciendo un símil, vendría a ser una especie de hotel cinco estrellas cuyas puertas se abren de par en par al forastero sin necesidad de mostrar la tarjeta VISA o una iglesia siempre abierta para quien busca guarecerse más allá de la creencia que profese.

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Pero mi convencimiento no es gratuito, tiene una sólida base y no es otra que las razones que exponen los alumnos de las universidades e institutos cuando preguntas por qué decidieron estudiar publicidad. Y para ello, fiel a mi gusto por crear listas, pongo a disposición de los lectores algunas de las respuestas más comunes e insólitas:

  1. “La verdad no tenía ni la más mínima idea de qué estudiar… entonces dije será publicidad pues”

Respuesta típica del alumno que no tiene ni la más remota idea de lo que significa estudiar publicidad y mucho menos todo el esfuerzo que implica trabajar en ella. Ve pues en nuestra profesión un espacio libre, sin tensiones y mucho menos exigencias. Un paraíso donde puede habitar sin preocupación alguna y de paso mantener tranquilo a sus padres porque ya está estudiando “algo”, y ese algo se llama publicidad.

  1. “En realidad quería dedicarme a la fotografía pero mis papás me dijeron: yo solo te pago si estudias en la universidad, aunque sea publicidad”

Esta es de las más lapidarias y dolorosas respuestas que he encontrado. ¿Qué decir ante esto? ¿Qué nos queda por pensar? ¿Qué hacer cuando un padre le dice esto a su hijo? Queda darle una respuesta igual de contundente. Debemos tomar la palabra y decirle sin remordimiento alguno lo siguiente: Sr. Padre de Familia, la profesión a la que usted se refiere con tanta displicencia requiere de un talento vivo y comprobado, de un esfuerzo a prueba de balas, de amanecidas en busca de una idea genial, de un  alto nivel de tolerancia a la frustración cuando un cliente rechaza nuestras propuestas en algunos casos sin argumentos sólidos. Requiere de unas ganas casi invencibles por intentar cambiar las cosas. Ganas que tal vez su hijo no tenga. Muy atentamente, la publicidad.

3. “La verdad a mí me encanta la creatividad, pero más me gusta la plata. Entonces dije publicidad es perfecto…”

Empezaste mal. A la publicidad no se llega por el dinero que vas a conseguir ni tampoco porque te gusta la creatividad. A mi tío también le encantaba y no por eso lo nombraron director creativo. A la publicidad llegas por algo que es difícil definir y que los que trabajan en ella a fuerza de perseverancia y caídas supieron identificar. Llámalo desafiar tu mente, sobre-exigir tu creatividad, entercarte por convencer más por la imaginación que por la imposición. Llegas a la publicidad por el amor a las ideas y por lo que pueden conseguir por sí mismas. Por la revolución que pueden causar y por el cambio mental y emocional que pueden generar. La plata puede venir o no, en grandes cantidades o de manera moderada, pero lo cierto es que nunca le va a llegar a alguien que solo ve en la publicidad su fuente para comprarse una 4×4 último modelo.

4. “Yo quería ser marketero, pero hay mucho número y tienes que pensar un montón, en cambio publicidad es más relax, por eso caí por estos lares.

Bien dicho: caíste. Caíste como ave de paso, pero a la primera saldrás volando cuando te enteres que hacer un comercial de televisión, una acción BTL o un texto inteligente para un aviso de prensa, es algo para lo que tampoco has nacido. Porque requiere usar neuronas y por lo que veo tú no tienes muchas ganas de ponerlas a trabajar. De acuerdo, a muchos publicistas no nos gustan los números, me incluyo, pero nos gusta pensar. Por eso elegí la publicidad, porque piensas todo el tiempo, en el baño, mientras caminas y hasta cuando haces el amor. Pensar, de eso se trata.

Podría seguir pero tampoco se trata de hacer bilis, y es por eso que haciéndole caso a los entusiastas que han puesto de moda la frase miremos el lado positivo de las cosas volviéndola su lema de vida, los invito a detenernos en aquellos chicos que abrazaron la carrera con total pasión -una pasión ciega, puesto que uno nunca sabe de qué se trata la publicidad hasta que se pega su primera amanecida o siente que la búsqueda de una idea que nos ponga orgullosos nunca será algo alcanzable-, porque siempre detrás de toda idea hay una gran idea y detrás de esta hay una magnífica. Y así el ciclo se vuelve infinito.

Lo importante es que estos chicos existen, son pocos pero los hay, y comparten el hecho de desafiar lo establecido e ir contracorriente, buscando no supeditarse a la aprobación de sus padres, que los cuestionaron diciéndoles que estaban hechos para carreras más “importantes” “que podían dar más”, “que de las ideas muy pocos viven” y en contraparte siguieron adelante, estudiando, incluso otras carreras para dar gusto en casa y con el tiempo, finalmente, volver al primer amor, y embarcarse en esa locura de las ideas, de la creatividad, de la acción quijotesca de volver posible aquello que algunos creen imposible.

A ellos sólo me queda decirles: “acostúmbrate a arrugar papeles, volverlos unas bolas corrugadas donde tal vez grandes ideas escritas en ellos acariciarán el fondo del tacho que se encuentra a tus pies. Pero mantente seguro y convencido, que un día la tinta escrita cobrará vida y luego de muchos intentos te dirás: valió la pena.

*Este post es el post es de Luciano Flores Santana, comunicador con más de 20 años de experiencia en publicidad ATL, BTL y  agencias  y áreas de comunicación de diversas corporaciones, así como gestionando clientes del medio local e internacional. Colaborador de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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