Crónica: Una noche con los Hombres de Rojo

La estación número 36 de la Compañía de Bomberos Magdalena se hace visible a pesar de la oscura noche. Está rodeada de graffitis y dibujos en sus paredes, de hombres con trajes y cascos rojos. El lugar contrasta, visiblemente, con todas las luces de restaurantes y bares que se encuentran a su alrededor, en la avenida Sucre 899, Pueblo Libre, distrito que en año 1956 les brindó un espacio para desempeñar su labor, debido a la inundación de su anterior local, ubicado en la avenida Brasil. El portón está abierto y se puede observar a un grupo de personas conversando.

“Bienvenidos, soy la mayor Giuliana García y hoy estaré con ustedes”, sonríe esta integrante del Cuerpo de Bomberos, mientras estira la mano a todos los que formamos parte del Curso de Corresponsales de Emergencias, actividad que reúne a periodistas para experimentar las labores que realizan los hombres de rojo en su vida diaria.

La mayor Giuliana es una mujer trigueña y con cabellos intensamente negros. Hace más de veinte años decidió dar todo por los demás y unirse al Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú. De lunes a viernes es maestra de educación inicial y los fines de semana se convierte en una mujer valiente que salva vidas, internándose en el cuartel y sin saber, si volverá a ver a sus niños al terminar el domingo, comenta ella mientras sonríe.

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El cuerpo de Bomberos es su familia.  “Soy la mamá de todos”, cuenta entre risas, mientras que los demás la miran y asienten con la cabeza. Giuliana ha decidido ofrecernos un tour por el cuartel, parece emocionada; sin embargo, explica que son comunes las visitas a la estación. En ese momento, explica, que solo cuentan con tres transportes: una autobomba, un vehículo auxiliar y una ambulancia. “Son pocos”, comenta con cierto tono de resignación.

Lo cierto es, que la Compañía de Bomberos de Magdalena es una de las que registra más salidas hacia emergencias en el año. De acuerdo a las estadísticas del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú, en lo que va del año se registraron 789 emergencias hasta el mes de octubre, mientras que en el mismo periodo del 2012 hubo 786. Lamentablemente, su labor se dificulta por la falta  de recursos. Todos reclaman su ayuda, pero son pocos los que colaboran cuando ellos solicitan apoyo.

En un rincón del cuarto de máquinas, hay una ambulancia con la puerta chancada y la ventana rota, está  frente al portón, aislada. Hace unos días, esta unidad hizo noticia al ser impactada por un Combi mientras trasladaba a un paciente por la avenida Brasil . Tres bomberos resultaron lastimados e internados en el hospital, mientras que el vehículo, recientemente donado por el Estado, quedó destruido.  La burocracia interna en la Comandancia General de Bomberos dilata la reparación o reposición de la unidad.

“Candela” empieza a ladrar intensamente. Es una bella perrita que fue encargada a la estación por unos minutos. Han pasado cuatro meses y ya todos saben que no la recogerán. “Candela” sigue ladrando.

Los bomberos corren alarmados. Giuliana se levanta, rápidamente, del sillón. “¡Incendio, apúrense!”, grita. La alarma suena y de repente,  después que todos se han colocado sus trajes en menos de treinta segundos, uno a uno se desliza por el tubo, el perfecto atajo de todo guardián rojo.

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Algunos minutos después ya no hay nadie, cuando reaccionamos todos se  han ido y la sirena se oye lejana, un ahogado grito que se cola entre nuestros oídos y el aire dice: ¡Cierren la puerta!, es Fernando. En el vehículo ya no hay espacio para otra persona debido a la única autobomba con la que cuentan, aún, si se hubiera tratado de un bombero más, ya nadie podía ingresar al transporte.

La puerta se cierra lentamente, mientras “Candela” aúlla. Se queda esperando el retorno de sus dueños como la mejor compañera y amiga. Seguirá esperando, incluso si no regresan.

Horas más tarde, “Candela” ladra otra vez. Se escucha la celebración de Giuliana y de los otros bomberos en el primer piso. La luz de la habitación se enciende, son las 3 de la madrugada y es el segundo incendio del que retornan, victoriosos. Han cumplido su misión: apagar el fuego y rescatar vidas.

Se hubieran trepado, nosotros no esperamos a nadie, nunca esperamos, dice Giuliana con un murmullo. Se acuesta y se ve la ilusión que tiene de poder dormir un poco; mientras yo lamento, una vez más, no haberme ‘trepado’ en el vehículo y acompañarlos en su labor.

Durante toda la noche, suena la radio de la central de emergencias desde la sede en la avenida Salaverry. Toda la noche se escuchan alertas por accidentes, incendios y choques en la gran Lima. Siempre hay alguien pide ayuda.

Horas más tarde, se reúnen para comer, se ríen. Todos están cansados y sin embargo, siguen animados. Los hombres de rojo seguirán sonriendo. Y lo que fue una noche frustrada para mí, lo que tal vez nunca viviré, será siempre su día a día, su labor y su pasión.

 *Este post es una colaboración de Rosa Noblecilla Alburqueque, estudiante de la Facultad de Comunicaciones UPN, quien tuvo la oportunidad de vivir el  XXVII Curso de Corresponsales de Emergencias del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú (CGBVP). 

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2 Respuestas

  1. joel armas dice:

    me gustaria poder acer ese curso , ya que yo tambien postule a los bomberos ace años en la bomba de san juan de lurigancho ,pero por razones de fuerza mayor viaje a trujillo.

  2. Claudio Zegarra Arellano dice:

    Joel, sigue adelante.
    Dr. Claudio Zegarra Arellano
    Docente WA Lima Norte

    Capitán CBP Cía Roma 2
    Lima centro CGBVP

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