Sir Ken Robinson o la cultura de la creatividad

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Decía Einstein que la lógica nos lleva de A a B, pero con la imaginación podemos ir a cualquier lugar. Efectivamente, y aunque a menudo se asocia la imaginación con la música, la literatura y otras artes, lo cierto es que imaginar representa un ejercicio indispensable en la perspectiva de todo acto creativo e innovador.

Sir Ken Robinson, afamado educador, escritor y conferencista británico, lo sabe muy bien. Fue autor hacia el final del siglo pasado de un documento conocido con el nombre de Informe Robinson, en el que alerta sobre la mínima atención que hasta entonces se prestaba a la creatividad en los procesos educativos, así como sobre el riesgo que este hecho entrañaba no sólo para su país, sino para la humanidad entera.

Cuando hablamos de creatividad –sostiene Robinson- existen tres conceptos clave.

El primero es la imaginación, que para el experto es la fuente de todo lo que atañe a creatividad. “La imaginación es el poder más extraordinario y, por lo que podemos juzgar, es algo propio de los seres humanos”, refiere.

En palabras de Robinson, con la imaginación tenemos el poder de traer a la mente cosas que no están con nosotros ni son accesibles a los sentidos. También podemos volver al pasado y esto nos da la posibilidad de repensar el pasado de diferentes maneras. La imaginación nos da igualmente la posibilidad de ponernos en el lugar de otros, empatizar con otros y ver las cosas desde la perspectiva de otras personas. Y también podemos ir hacia el futuro y verlo de varias maneras.

“Todo lo que distingue a los seres humanos proviene del poder de la imaginación”, subraya.

La creatividad surge a partir de la imaginación y va un paso más allá. Es importante acotar que se puede imaginar todo el día pero no hacer nada. “Así –propone Robinson- para ser creativo hay que hacer algo, poner de alguna manera a trabajar la imaginación. La creatividad es la imaginación aplicada”.

Desde su experiencia, creatividad es generar ideas originales con valor, y esto puede darse en cualquier ámbito de la vida humana: música, matemática, gestión de negocios e incluso el hecho de sostener a una familia. Todo es susceptible de la aplicación de nuevas ideas.

Robinson explica que el tercer elemento en este círculo virtuoso es la innovación, a la que define como la puesta en práctica de buenas ideas.

Innovar es un elemento que persiguen actualmente muchas compañías, pero esto supone que exista antes un proceso de creatividad y para ello, explica el educador, “debemos ser capaces de estimular y propiciar la imaginación”.

Pero no se puede innovar directamente: antes debe haber un proceso de creatividad. Y eso implica que seamos capaces de estimular y propiciar la imaginación. Sin embargo, este el punto en que a muchas empresas les va mal y a muchas personas también. ¿La razón? Las corporaciones olvidan nutrir la imaginación de sus trabajadores.

Ser capaz de fracasar es una parte esencial del proceso de creatividad. “No quiero decir que ser creativo sea sinónimo de estar equivocado, pero indudablemente en el proceso de creatividad nos vamos a equivocar, habrá muchos errores”, grafica el experto.

Cultura de la creatividad

Para Robinson, un factor importante es estimular la imaginación deliberadamente, sometiéndonos a nuevas experiencias. En ese sentido, hay compañías que manejan una política intensa de estímulo de la imaginación. Una de ellas es Pixar, que tiene en el horizonte la consolidación de una cultura corporativa. “Con ese propósito crearon la Universidad Pixar, que comprende talleres, charlas, eventos y seminarios que se llevan a cabo todo el día. Lo más importante es que todos los empleados están autorizados a pasar cuatro horas semanales en la Universidad Pixar y pueden hacer lo que quieran”, refiere.

De esta forma se genera un flujo constante de nuevas ideas en toda la organización, algo que mantiene viva la mente de las personas fuera y dentro del trabajo. Otro punto a favor de esta cultura deriva del hecho de que al ir de un lado a otro, las personas se cruzan, interrelacionan y crean una cultura afectiva en toda la organización, un sentimiento de cultura en común.

Robinson sostiene que es vital que la creatividad se sustente en conexiones, relaciones, en abrir nuevas posibilidades. “Es menos probable –explica- que una organización con áreas aisladas, donde cada persona habla solamente de su especialidad, obtenga la chispa de la innovación que se genera cuando las personas intercambian ideas a través de diferentes campos de actividad.

La clave, entonces, es liderar una cultura de la innovación. “El verdadero campo del pensamiento creativo no es solitario, no es una actividad que uno lleve adelante en forma individual. Puede que a veces lo sea, pero es más probable que la innovación y el pensamiento creativo provengan de la colaboración de personas trabajando en equipo”, concluye.

Fuentes:

http://sirkenrobinson.com/

https://www.youtube.com/watch?v=iCYjPvBahzI

http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/ken-robinson/

 

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