El Perú como despensa mundial

Superados los vaticinios de Malthus (Ensayo sobre el principio de la población), quien hace poco más de dos siglos vislumbró un mundo arrasado por la hambruna debido a que la población crecía en progresión geométrica y los alimentos lo hacían en forma aritmética, es indudable que el hombre ha sabido desarrollar estrategias para producir los alimentos que necesita para subsistir. Ciertamente existen regiones vulnerables al hambre, pero en la mayoría de los casos el problema tiene un origen más político o gubernamental que propiamente agrario.

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Ahora bien, ante la demanda creciente de más y mejores alimentos, el Perú tiene innegables ventajas comparativas que se han puesto de manifiesto especialmente durante las últimas dos décadas. Un informe publicado por Lampadia.com destaca que “el sector agricultura se ha convertido en una de las principales actividades económicas que impulsan el desarrollo del Perú, acompañando a la minería en la generación de empleo formal rural y divisas para nuestro país”.

Señala al respecto la sofisticación lograda en la exportación de frutas y hortalizas frescas, que tiene un alto contenido de tecnología y valor agregado. Hasta hace algunos años, Chile era uno de los pocos países que podía exportar vegetales frescos a grandes distancias. Sin embargo, a partir de la década del 90 se crearon las condiciones e incorporaron tecnologías que potenciaron el campo, producto de lo cual desplazamos a nuestro vecino sureño como el mayor exportador mundial de espárrago fresco. El mismo camino está recorriendo la exportación de uva fresca y otros vegetales.

Varias regiones se han visto favorecidas con empleo formal gracias al impulso que ha tomado la agricultura. Probablemente Ica la que más. Pero también Piura, La Libertad, Arequipa y Lambayeque tienen en esta actividad un pilar fundamental.

Es interesante anotar, con todo, que la sierra y la selva no han sido ajenas a este nuevo despegue agrario. El éxito logrado por la quinua peruana en los mercados internacionales abre paso al envío de otros granos andinos y más adelante tubérculos y raíces.

La importancia de la agricultura deriva de su carácter familiar y del hecho de que provee el 70% de los alimentos que consumimos los peruanos. A partir de ello, resulta prioritario prestar atención a los pequeños productores locales para que puedan continuar elevando sus estándares de productividad. No es casual que la pequeña agricultura, desarrollada principalmente en el Ande, de empleo al 79% de la Población Económicamente Activa (PEA) del sector agropecuario. Las unidades agrarias menores a 10 hectáreas representan un 90% del territorio agrario, pero sus costos de producción siguen siendo elevados por la falta de tecnología e infraestructura y por la ausencia de políticas gubernamentales que las integren a las cadenas de valor.

Por un largo periodo, las tecnologías usadas para la producción de los alimentos más importantes eran basadas en premisas de escala. Si se trataba de alimentar a una población que crecía rápidamente con menores costos, la respuesta era hacer todo lo más grande posible.

Pero muchas de las tecnologías alimentarias parecen estar moviéndose hacia métodos y productos que son más económicos para las granjas pequeñas. Esto no significa el fin del “Big Food”, dado que se proyecta que la población del planeta alcance los 9.6 mil millones de personas para el año 2050, y la agricultura y la producción de alimentos todavía tiene que crecer más para alcanzar una escala masiva, con la ayuda de la tecnología y la investigación innovadora. Sin embargo, las tecnologías, incluyendo sensores de bajo costo, dispositivos móviles y análisis de data, han ayudado a una creciente variedad de empresas de alimentos, minoristas y productores a reducir sus costos y competir en muchos mercados especializados.

Estas tecnologías de software y análisis de datos podrían hacer que la agricultura sea más asequible para las operaciones de todos los tamaños. El objetivo es que los agricultores puedan encontrar maneras de utilizar el agua, las semillas y los fertilizantes de forma más eficiente, reduciendo sus costos para cubrir la inversión en tecnología y mejorar sus rendimientos.

Actualmente existen en el Perú sistemas de agricultura de precisión, lo que contribuirá a la reducción de costos debido a una menor utilización de elementos químicos como fertilizantes. Este podría ser el comienzo de un relanzamiento del sector agrícola, reflejando una mayor competencia e innovación que el modelo de escala industrial dominante durante décadas. Si se adoptasen estas tecnologías, junto con un programa de apoyo para facilitar procesos de desarrollo de capacidades de la pequeña producción campesina, como el de Sierra Productiva, se podría avanzar muchísimo, ya que, de acuerdo al Censo Nacional Agropecuario de 2012, solo el 10% de los productores agropecuarios recibieron asistencia técnica, asesoría empresarial o capacitación.

Fuente:

http://www.lampadia.com/analisis/recursos-naturales/la-agricultura-peruana-tiene-un-gran-futuro

 

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