Nuevo Cañete, otro proceso de urbanización espontánea

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El crecimiento de las ciudades requiere de un Estado ordenado y eficiente, que apoyado en leyes sobre ordenamiento del territorio, uso del suelo y en sus respectivos planes de desarrollo urbano y regional plantee el crecimiento de la urbe existente. Y solamente en casos justificados nuevos asentamientos a campo abierto, donde el urbanismo con la intervención de especialistas en varias ramas, desde lo social a lo urbano, del medioambiente a la arquitectura, pasando por la geografía, ingeniería, biología, sociología, economía, etc., y desde una visión interregional de complementariedad, subsidiariedad e intercambio de factores demográficos, podrá plantear la expansión urbana.

La ciudad para crecer armoniosamente requiere interactuar con su entorno en función al intercambio de mercancías, alimentos, personas y materias primas. Esto refuerza la red de ciudades y contribuye al desarrollo integral del país.

Bajo este esquema sería poco probable que nacieran ciudades a partir de ocupaciones de suelo rural -o como en este caso en el desierto-, sin acceso al agua, a servicios de salud, de educación, sin fuentes de trabajo, sin redes de transporte y otros. Cuando se forman estas ocupaciones informales se transforman en barriadas (Matos Mar, 1957), que en el mejor de los casos se conforman como periferia en desarrollo o pueblos jóvenes, y en el peor en lugares inhóspitos y peligrosos, sin servicios, siempre marginales.

Eso está pasando en Nuevo Cañete. Si esto fuera principios de siglo XIX o XX, sería un ejemplo de nueva fundación urbana y de la lucha por consolidar un crecimiento poblacional. ¿Pero en pleno siglo XXI? Ni siquiera se puede hablar de ciudad dormitorio, pues no habrá commuter (i).

Lamentablemente sabemos de los procesos de especulación y reventa de lotes, de la rentabilidad de las invasiones por parte de “líderes” que lucran con la necesidad o favorecen a políticos en época de votaciones. También de la simulación que suele ocurrir con algunas viviendas habitadas y el resto con construcciones efímeras y desocupadas que lucen cerradas o no habitadas, donde la gente va cada fin de semana para brindar la apariencia de zona habitada, hasta que se consolide y poder revender. Y estas mismas personas luego se trasladan a otra zona para recomenzar otro proceso de ocupación de suelo.

Extender ciudades en ocupaciones de baja densidad, como pretensión de ciudad lineal con poblados ad infinitum, propiciando la invasión y la especulación urbana, no ayuda a fortalecer y re-urbanizar las ciudades existentes, como Cañete, sino que al contrario la debilita en cuanto este nuevo asentamiento demande recursos, inversión, fondos, pozos de agua o grandes redes de aprovisionamiento.

Estos fondos podrían aplicarse a la ciudad formal, creando vivienda social de calidad, fábricas o fuentes de trabajo, mejorando sus calles, su infraestructura y forestando, creando áreas verdes y parques.

Nuevo Cañete con el tiempo se extenderá hacia Cañete como un apéndice reforzado por la carretera de la costa, por más que algunas personas, académicos e investigadores bienintencionados se sumen al proyecto, como es el caso del observatorio astronómico planteado en Nuevo Cañete. ¿Qué garantía de inversión existe? ¿Qué garantía de que habrá de contar con los servicios básicos mencionados? No quiero decir que no sea legítimo su planteamiento como centro poblado o las necesidades reales de la (muy escasa) gente que ya vive ahí.

Antes que formar más barriadas sin servicios, sería loable que dicho esfuerzo de consolidación fuera desarrollado en Cañete mismo, e iniciar un proceso de reforma urbana de dicha ciudad, a la que tanta falta le hace.

Uno de los mayores problemas en el crecimiento de las ciudades es la pobreza, donde el acceso al suelo o a la vivienda se vuelve la cuestión fundamental a resolver. Los especialistas como Peter Hall (Cities of Tomorrow) tampoco han aportado ninguna solución ante la persistencia de este problema. Pero sí es válido su cuestionamiento: ¿En dónde ha estado el urbanismo? ¿Qué ha hecho? (ii)

(i) Personas que duermen en un sitio y cada día se trasladan a trabajar en otro (varios autores).

(ii) Antonio Algaba, http://www.ub.edu/geocrit/b3w-26.htm

 

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