El Tren Bioceánico (II)

Cuando uno piensa en el desarrollo de un país, piensa que una conexión mediante vías férreas es el máximo impulsor del progreso. Así lo hizo Europa desde fines del siglo XIX y así lo hicieron los Estados Unidos en paralelo.

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A comienzos del siglo XX nuestros países se sumaron a la iniciativa del tren y potenciaron su independencia económica. Era la manera de acercar las mercancías a los puertos y también de movilizar cientos de personas a la vez.

Luego llegaron el automóvil y los buses, para el transporte a base de combustibles derivados del petróleo y el uso de llantas… y las ciudades explosionaron. La movilidad del automóvil las hizo crecer sin control y se crearon las urbanizaciones periféricas.

Ya no era un problema la movilidad que podía ser resuelta de manera individual. El transporte colectivo también se modificó: ya no era necesario tender vías férreas. ¿Para qué? ¡Si un bus va a todos lados!, decían.

Ahora estamos ante la oportunidad de construir un tren, ¡el tren Bioceánico! Y China es el primer interesado. Es una gran oportunidad, pero también podría ser un gran problema.

El tren como herramienta de progreso crea desarrollo, se generan pueblos y paraderos donde no había nada, se construyen estaciones y patios de maniobra. Gente que va y que viene, para la construcción, para el comercio, para alimentar a esos trabajadores del tren, que al terminar se quedan a vivir. La conquista del viejo oeste norteamericano es un gran ejemplo, junto a los otros ejemplos mencionados. Efectivamente el tren ha servido para eso.

Viendo así las cosas, cabe preguntarnos: ¿Estamos en riesgo de urbanizar la amazonia con este nuevo tren? ¿Quiénes se encargarán de velar que el nuevo trazado no destruya el primer pulmón del planeta?

Podría suceder que se hiciera un buen plan, muy bien estudiado, muy bien resuelto, cuidando que no se contaminen a los pueblos que viven en la selva, que no se talen demasiados árboles (porque habrá que talar muchos árboles), protegiendo especies, cuidando que no haya paraderos (ni estaciones) en áreas protegidas, de modo que los traficantes no puedan abordarlo o subir mercadería ilegal. Un plan hecho con la asesoría y el trabajo de muchos especialistas, desde biólogos, sociólogos, arqueólogos, urbanistas, ingenieros, zootecnistas, arquitectos, abogados, etc. Pero, ¿qué tal si el siguiente político que llegara al poder lo desechara de plano? Alguien que dijera “este plan-proyecto del tren no sirve”, o no dijera nada y simplemente lo hiciera a un lado  y construyera el tren de cualquier manera.

Porque un tren también sirve para transportar madera, para fundar nuevas ciudades, para movilizar a miles de personas.

¿Podría pasar algo así?

Yo estoy a favor del tren, lo defendí en otro artículo y sigo pensando que será muy bueno. Pero pensando en las cosas que suceden, tal vez fuera mejor aplazarlo. Hasta que tengamos instituciones dirigidas por comités de expertos en la materia, especialistas académicos vinculados a universidades y a observatorios ciudadanos.

Estos entes podrían estar ligados a ministerios, pero deberían de ser independientes de estos. Y se encargarían de velar por la continuidad de planes, programas e inversiones que realmente tengan en el foco el desarrollo armónico del país y no estén condicionados a los vaivenes de la política.

Fuente:

http://www.peruconstruye.net/planean-construir-tren-bioceanico-que-complementaria-al-ferrocarril-transcontinental/

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