Arquitectura y Urbanismo en Lima

2013-06-19 08.46.01

¿El Automóvil o la persona?

Cuando caminamos por Lima… así iba a empezar…

Y entonces me vino al reflexión: ¿quienes realmente caminamos por Lima? ¿usted señor ha caminado por Lima? ¿usted señora? Las chicas de zapatillas de tacones altos seguro que no. ¿Y que tal ustedes estudiantes?

¿Quién ha ido caminando a algún lugar más de diez o quince cuadras?  o ¿por qué no?, treinta o más calles.

¿Lo hacemos regularmente? ¿Alguna vez alguien lo ha hecho en su vida?

Seguramente la respuesta es sí. Sí que lo hemos hecho. Cuando vamos a la playa en verano. Cuando hemos ido de turistas a cualquier lugar a pasear, ahi sí que hemos caminado. Y también lo hacíamos mucho cuando ‘todavía’ no teníamos automóvil! Cuando éramos estudiantes el automóvil era en si mismo como el futuro lugar a donde todos queriamos llegar.

Un cómodo lugar lleno de la música que más te gusta y si se puede con aire acondicionado que te lleve a todo lados. Aunque en Lima sea tortuoso y altamente estresante la batalla por las calles, donde conducir se ha vuelto todo un ‘deporte‘ de aventura, más riesgoso que subir cualquier nevado del mundo, o bajar a la gruta más salvaje, todos como estudiantes deseabamos dejar el MC- o Mundo-Combi, y pasar a ser uno de aquellos Entes montados en fieras de cuatro ruedas de caucho para vivir la sensación del ¡NO-ME-IMPORTA-NADA-YO-QUIERO-PASAR-PRIMERO!

Porque es verdad, esta frase se impone en la mente de la mayoría de las personas al volante. Si bajas a la persona del auto, se convierte en un ser humano normal, considerado, puede ser que hasta sea amable con sus vecinos. Pero al frente de un volante… ¡es otra cosa! Apártense todos: el NO-ME-IMPORTA-NADA-YO-QUIERO-PASAR-PRIMERO se fija en su mente y le nubla la visión. No hay semáforo o policia que valga, sea del sexo que sea. En un cruce, ya se ve que el semáforo se pondrá en rojo en cualquier momento (con la cuenta atrás de los segundos que faltan) y aún así, todos los Entes del NO-ME-IMPORTA-NADA-YO-QUIERO-PASAR-PRIMERO, se pasan y se quedan a la mitad! con lo cual los que vienen transversalmente tampoco pueden avanzar, aunque también vengan pensando ¡Apártense todos NO-ME-IMPORTA-NADA-YO-QUIERO-PASAR-PRIMERO!

Y entonces se dice que las calles están colapsadas porque están llenas de autos. Pero, ¿que pasaría si bajamos a las personas de los autos y los contamos? por ejemplo en una cuadra cualquiera, suma: cuarenta autos donde viajan ¡cuarenta personas! esos cuarenta que caben en un autobús están copando un calle entera…

Existe también una gran cantidad de gente, (que es la mayoría de la población), que aunque lo quieran no pueden acceder a comprarse un auto. Ellos sí caminan. Caminan rápido, caminan mucho, queriendo llegar a ese bendito lugar llamado hogar. Caminan en las calles con polvo, esquivando postes de todo tipo, huecos en las veredas, puestos de comida, muros bajos, restos de obras, invasiones del espacio público de TODO tipo, por obras nuevas o viejas, por señales o anuncios de los pomposamente llamados Burgomaestres, bajo la garúa de invierno, o con el sol de verano. Y siempre tragando el humo de esas mismas  máquinas automotoras que parecen ser las rivales del peatón, bestias de cuatro ruedas que giran raudas en las esquinas para arrollarlos sin importar el reglamento ni las señales, ni el respeto a la vida.

Tenemos entonces dos problemas a la vista: la falta de transporte público de calidad (que permita que los que tienen auto se bajen de los mismos y se vuelvan personas racionales, valga la tautología) más la aducación e imposición de sanciones a los que incumplan las reglas de Tránsito, a los arquitectos e ingenieros de las obras que no se preocupen  por dónde transitarán los peatones, y la mejora física del espacio público existente transitable peatonalmente: ensanchamiento de veredas, eliminación de invasiones, correcta iluminación nocturna y eliminación de obstáculos en las mismas. Y claro que la arborización y ajardinamiento de las mismas sin que se conviertan en nuevos obstáculos al peatón.

¿Se ha puesto a pensar en por qué nunca caminamos en Lima?

Ignacio Pacheco

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